kimchi

La comida asiática es una de mis favoritas, aunque no parece justo poner a todas estas diferentes cocinas en un mismo saco, dada la gran variedad y diferencias que existen entre ellas; cocina japonesa, coreana, vietnamita, tailandesa… La verdad es que todas son únicas y con platos exquisitos. Todas ellas tienen ingredientes que me encantan y creo que deberíamos empezar a usar más en nuestra cocina, no sólo porque son el complemento ideal de cualquier plato, sino porque también tienen un impacto positivo en nuestro organismo. Porque no todo pueden ser croquetas y jamón serrano ¿verdad?

Kimchee

El plato nacional de Corea me encanta, y la verdad es que me estoy haciendo un poco adicta. Hay diferentes variedades, pero básicamente se trata de col fermentada con ajo, jengibre, rábanos, guindilla… aunque ya digo que hay muchas variedades y recetas. Yo descubrí el kimchi cuando vivía en Londres, en un restaurante coreano que estaba al lado de mi trabajo y que se llamaba Kimchee (como no podía ser de otra manera). La verdad es que hasta entonces no había probado la cocina coreana, pero me cautivó, sobre todo por la manera en que cocinan la carne en la barbacoa. Anyway, volviendo al kimchi, tiene un sabor muy peculiar que realmente engancha, y además es muy bueno para la salud por su contenido en probióticos, que son fundamentales para la salud de nuestro sistema digestivo y por lo tanto de todo nuestro organismo. El kimchi combina muy bien con el arroz y con las carnes también, por lo que si no lo has probado, no sé a qué estás esperando.

Ciruelas umeboshi

Me encantan las ciruelas umeboshi como condimento, aunque hay que reconocer que tienen un sabor, entre ácido y salado, que no es muy común. En todo caso, estas pequeñas ciruelas japonesas secas, que han sido sometidas a un lento proceso de fermentación junto con hojas de shiso y sal, son las reinas de los alimentos alcalinos, y ayudan a nuestro cuerpo a regular los niveles de acidez, gracias entre otras cosas a su contenido en ácido cítrico. Otros beneficios que se le suelen atribuir son una mejora en la circulación sanguínea, aumenta nuestras defensas, previene la fatiga, etc.

Yo suelo tomarlas cuando tengo malestar general, cuando he comido demasiada carne roja (lo que crea un exceso de acidez) o cuando la noche anterior he bebido alcohol y digamos que no me encuentro en mi mejor momento. Últimamente las he incorporado en mi desayuno, que quizás no es la manera más tradicional de tomarlas, ya que las mezclo con dos huevos cocidos (los amantes de la dieta macrobiótica no me van a perdonar), aceite de oliva y un toque de moringa, pero es que la mezcla final me encanta.

Sopa de miso

Mientras escribía este artículo ha empezado a nevar y lo primero que he pensado ha sido “voy a tomarme una sopa de miso”. Y es que es uno de mis básicos durante el frío, ya que esta sopa es capaz de  “levantar a un muerto”. Quizás estoy exagerando, pero lo cierto es que la sopa de miso tiene la capacidad de reanimarme, por eso cuando noto que he cogido frío o que estoy un poco baja de defensas, siempre recurro a la sopa de miso como primera opción. El miso procede de soja fermentada (aunque hay otras variedades), y por lo tanto, como el kimchi, nutre nuestro organismo de bacterias buenas, tan importantes para nuestra salud gastrointestinal y general. El resto de ingredientes de esta sopa suelen ser algas wakame, tofu y cebolletas. Normalmente la compro en formato deshidratado, que viene en sobrecitos para echarla en agua hirviendo.

Hongos shiitake

Simplemente deliciosos. Provenientes de Japón y otros países asiáticos como Corea, estos hongos son muy carnosos, y por lo tanto son la guarnición ideal de cualquier plato. Yo los compro secos, y los remojo durante unos minutos antes de añadirlos a cualquier receta, como arroz o pasta, para enriquecer con su sabor cualquier plato. Además, estos hongos tienen un valor nutritivo muy alto, ya que contienen una gran cantidad de vitaminas B, tienen propiedades antibacterianas, ayudan al sistema inmunológico, son antioxidantes… Quién iba a decir que un pequeño hongo iba a tener tantos beneficios.

Espero que os haya gustado mi pequeña lista, que pretendo además ir ampliando en el tiempo.